miércoles, 15 de mayo de 2013

ME GUSTA ENSEÑAR

Los últimos meses de mi vida han sido agridulces. Agrios porque veo, siento, la indiferencia del profesorado a los cambios que se avecinan, que al igual que el resto de los trabajadores, son muy malos. Nos sentimos (me incluyo) en una especie de isla con altos muros donde nadie ni nada nos tocará. Pero nos han tocado, no lo queremos admitir. Tenemos buen sueldo, llegamos a fin de mes, pero cómo estará nuestra cabeza, nuestra mente, con más exámenes que corregir, más trabajos que corregir, más de todo dentro de unos años. ¿Habrá merecido la pena tanto sacrificio?¿Habremos cambiado en algo?¿Seremos los mismos? Pero, ya no tenemos el debate, el diálogo, los puntos de vista opuestos que enriquecía la docencia y hacía que las estancias en la sala del profesorado fuera tan maravillosas y productivas. Mejorábamos, mejoraba nuestra enseñanza, mejoraba nuestro alumnado. No seremos nunca los mismos y mismas. Nos han cambiado. Todavía quedan islas de debate, de reunión, de discrepancia. Menos mal. Gracias Bartolomé. Y dulce porque vivo cada día como si fuese el último, junto a la mujer más maravillosa que he conocido nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario