Esta mañana a mi mujer se le ha hecho tarde para levantarse. Digo mujer porque vivimos juntos. Esto es, vivimos en pecado (estamos intentando poner remedio). Ella, muy trabajadora y con una madurez sorprendente a los 27 años, me da lecciones de vida constantemente. Oigo mucho (ahora menos porque tengo menos tiempo de escuchar, pero de esto hablaré otro día), en las salas de l@s profesor@s: ¡Qué no se puede vivir!, ¡Qué cansado/a estoy!, ¡ Necesito que lleguen las vacaciones! y una larga retahíla de frases vagas y vacías y un largo etcétera que tod@s conocéis. Bien, nos han aumentado las horas, han metido más alumnado en las clases y muchas cosas más, pero ¡Por favor! ¡No me calentéis la cabeza con esas estupideces! ¡Hablemos de soluciones para tantos recortes!¡Hablemos de mejorar nuestro día a día con los alumnos y alumnas!¡Aprovechemos el poco tiempo que tenemos para dialogar, para construir conocimiento! Nos quejamos mucho y hacemos poco y algo sorprendente, quien más se queja, es quien está mejor. Mi chica, mi mujer, trabaja unas diez horas al día, manipulando fruta y verdura, de pie, parando muy poco y lo mejor de todo, no se queja y no habla de cosas vacías, es fuerte, quiere mejorar en la vida. Me anticipo a lo que vais a decir: ! Qué hubiese estudiado¡!Qué se hubiese preparado una oposición¡ y muchas cosas más. No pudo, ni la dejaron estudiar. Como dice Federico: "No se consuela quien no quiere".
Fuente: www.jamesnava.com

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